La
cultura de la adicción y cada grupo dentro de esa cultura se unen para un
propósito común: sostener la adicción de sus miembros. La forma en que la
cultura se organiza para lograr este propósito difiere dependiendo de las
drogas de elección de cada grupo, y de otras características compartidas por
sus miembros. Sin embargo, existen necesidades comunes que los miembros de
todos los grupos generalmente satisfacen a través de su participación en la
cultura.
La
cultura de la adicción, como cualquier cultura, es un contexto para las
necesidades humanas que hay que satisfacer. Aunque la cultura de la adicción
parece extraña a los forasteros, es importante darse cuenta de que la gente
participa en ella y en sus rituales (uso de drogas) para abordar las
necesidades que todos los seres humanos compartimos. La cultura de la adicción
proporciona una alternativa para las personas que, por cualquier razón, son
incapaces de satisfacer esas necesidades en la sociedad en general.
La
cultura de la adicción da propósito y orden a la vida diaria al proporcionar
una visión del mundo y un código de valores. Sus rituales gobiernan la forma en
que se satisfacen las necesidades físicas de alimento, refugio y seguridad, y
da un contexto para expresar la sexualidad.
Si
bien en un principio la gente puede sentirse atraída por esta cultura en
función de su consumo de drogas, en este mismo contexto también satisfacen un
espectro cada vez más amplio de necesidades, generándose un vínculo entre la
cultura y cada necesidad satisfecha. Cuanto más amplia es la asociación, más
fuertes son los lazos que conectan a la cultura con sus rituales de consumo de
drogas.
Identidad y autoestima.
Dependiendo
del grupo, la cultura de la adicción puede apoyar la autoestima alimentando la
condición de ser adicto, negando la existencia de la adicción o satisfaciendo
otras necesidades.
Los
grupos de consumo de drogas célebres, excepto los que tienen miembros en etapas
avanzadas de adicción, presentan una paradoja única. La actividad que une a los
miembros del grupo es el consumo excesivo de alcohol o drogas, pero nunca
reconocen este vínculo, de hecho, uno de los propósitos principales del grupo
es ayudar a los miembros a negar la adicción. Al afiliarse con otras personas
adictas y negarse a reconocer su adicción, los miembros pueden mantener la
ilusión de que su uso no es diferente de el de los demás, por lo que no es un
problema. El alcohólico que responde defensivamente, ''no bebo más que los
demás”, o la conversación entre dos miembros del grupo, "no eres un
alcohólico; no bebes más de lo que yo bebo", revelan cómo los alcohólicos
pueden sumergirse en una subcultura alcohólica y simultáneamente negar su
alcoholismo. Como el reconocimiento de la adicción requeriría de una dolorosa
redefinición de la propia identidad, la cultura apoya el consumo continuado sin
tener que pagar este precio.
La
manera en que la cultura del consumo de drogas celebres apoya la autoestima de
sus miembros frente a las agresiones del mundo exterior es fascinante. Los
síntomas de la patología individual de la adicción se organizan en normas de
grupo que rigen la interacción entre sus miembros. Es como si los miembros
hubieran entrado en un pacto tácito para apoyar mutuamente la minimización,
proyección, y racionalización, que les permite sostener y negar su adicción.
Transformación del estigma en estatus; La identidad en la cultura
de las drogas ilícitas.
Mientras
que la adicción a las drogas celebres se mantiene a través de la negación, la
adicción a las drogas prohibidas requiere que se asuma la identidad de adicto.
La cultura ilícita ofrece una solución interesante al enigma de cómo aceptar
simultáneamente dicha identidad mientras se mantiene la autoestima. Para
explorar la solución a este enigma, examinaremos cómo los términos de desprecio
de la cultura en general, como "drogadicto" y "loco", han
sido impregnados de estatus dentro de la cultura de las drogas ilícitas.
El
término "drogadicto" surgió de las campañas prohibicionistas de
finales del siglo 19 y principios del 20 en Estados Unidos y tanto el termino
como sus implicaciones se propagaron rápidamente por todo el planeta. El
término logró demonizar ciertas drogas y a las personas que las consumían,
llegando a representar a unas de las personas más detestadas y temidas de la
sociedad. Ser un "drogadicto" era, por definición social, alguien que
era amoral, criminal, y malvado, era ser estigmatizado y deshonrado a los ojos de
la sociedad. Dado lo anterior, mucha gente se sorprende al encontrar adictos
que se refieren a sí mismos como "drogadictos" dentro del elaborado
argot de la cultura de las drogas ilícitas. En lugar de luchar contra el
estigma social inherente a este término, la cultura ilícita lo adoptó y lo
convirtió en una insignia de estatus. Al convertir un término despectivo en un
término de estatus, la sociedad dominante y sus valores podrían ser
ridiculizados y rechazados. Ser conocido como un "drogadicto" significó
alcanzar estatus y respeto dentro de la cultura ilícita de la adicción. La
capacidad de una cultura para ofrecer identidad y pertenencia proporciona una
poderosa atracción a las personas que se han sentido excluidas de la sociedad
en general.
Adoptar
la identidad del consumidor es una transición importante hacia la cultura de
las drogas prohibidas. Para muchos usuarios de estas drogas, esta identidad
satisface más necesidades que el consumo mismo. Visto desde afuera es muy
difícil apreciar plenamente el poder de la cultura de la adicción para aumentar
la estima, ya que, aunque son despreciados por los forasteros, los adictos se
ven a sí mismos como parte de un grupo especial y de élite, como miembros de
una "logia fantástica". Los adictos se enfrentan a desafíos y
sobreviven cada día con su ingenio en un mundo que la mayoría de la gente nunca
podría comprender. El dominio de este mundo y la relación con las drogas crea
un sentido de unidad y distinción.
Mientras
que una barrera importante para la recuperación del alcohólico es la negación
de la adicción, una barrera importante para la recuperación del usuario de
drogas ilícitas puede ser la dificultad de renunciar a la identidad que le
proporciona la adicción. Ya sea en una cultura de personas que niegan
colectivamente su alcoholismo o en una sociedad de drogadictos auto
identificados, los miembros están vinculados a un grupo a través del cual
pueden satisfacer diariamente necesidades personales significativas. Una de las
principales necesidades de los miembros es mantener una identidad que
proporcione un sentido de valor tanto social como personal. El hecho de que la
adicción consuma inevitablemente la autoestima hace que estas culturas
proporcionen elaborados mecanismos para mantener la identidad de sus miembros.
Si los programas de tratamiento no pueden proporcionar una nueva identidad y
mecanismos alternativos para mantener la estima, les resultará casi imposible
competir con la cultura de la adicción.
Necesidades de los adolescentes y cultura de la adicción.
Una
vez que se entra en la cultura de la adicción, esta puede proporcionar un marco
a través del cual se puedan satisfacer la mayoría, si no todas, las
necesidades. Cuando una cultura se ocupa de estas necesidades, crea múltiples
vínculos que refuerzan el consumo de drogas y constituyen poderosas fuerzas de
mantenimiento de la adicción.
Algunas
de las principales necesidades del desarrollo de la adolescencia son las
siguientes:
- El dominio de la identidad.
- La aceptación del cuerpo frente a los rápidos cambios fisiológicos.
- La necesidad de explorar la creciente sexualidad para lograr el establecimiento de su identidad y la experimentación con diversos comportamientos sexuales.
- La necesidad de añadir pensamiento abstracto y lógico al pensamiento concreto.
- La necesidad de la formulación de los propios valores y la moral.
- La necesidad de construir un camino hacia el rol de adulto separado física y emocionalmente de la familia.
Cualquiera
de las necesidades mencionadas anteriormente puede contribuir a la decisión de
un adolescente de consumir alcohol o drogas por primera vez, sin embargo, si
este uso inicial ocurre en una subcultura que consume alcohol o drogas, es
posible que entren rápidamente en juego fuerzas adicionales para sostener e
incrementar el consumo con el tiempo.
El
número de necesidades satisfechas dentro de la cultura de la adicción aumenta
con la duración de la participación, intensificando así la afiliación y la
lealtad a la cultura. El tratamiento de la adicción debe proporcionar
experiencias alternativas que satisfagan las mismas necesidades psicosociales
que han iniciado y mantenido el consumo de drogas. El tratamiento exitoso debe
proporcionar un camino a largo plazo hacia otro estilo de vida que pueda ayudar
al cliente a satisfacer estas mismas necesidades.
Cualquier
necesidad insatisfecha del cliente, que antes se satisfacía en la cultura de la
adicción, constituye un estímulo para la recaída.
Si
conceptualizamos la adicción como un camino, entonces hay conocimientos técnicos
y habilidades que se deben dominar para poder asumir y mantener el papel de
adicto. Una función primordial de la cultura de la adicción es proporcionar a
cada uno de sus miembros acceso a este aprendizaje. El resto de este capítulo
explora la naturaleza de estos requisitos y habilidades y cómo se transmiten
dentro de la cultura de la adicción.
Cómo y de quién se aprende.
Las
personas que consumen o que son dependientes de las drogas psicoactivas no
nacen sabiendo cómo consumirlas ni siempre reciben la información de la
sociedad en general. Las personas que eligen drogas celebres tienen una clara
ventaja, porque la sociedad proporciona la información sobre cómo usarlas. No
es necesario encontrar una subcultura diferente, por ejemplo, para aprender a
usar el alcohol o la nicotina. Aprendemos los rituales apropiados de uso, todos
los cuales reducen colectivamente los riesgos asociados con las drogas celebres
y proporcionan un fácil acceso al consumidor potencial. De manera similar, la
sociedad proporciona información detallada sobre la técnica apropiada para
consumir medicamentos. Un médico, a través de una prescripción, dice con qué
frecuencia se debe ingerir un medicamento y por qué método, por ejemplo,
oralmente o por cualquier otra técnica de consumo; tomar en las comidas, con
leche u otras precauciones especiales; no beber alcohol o conducir mientras
toma el medicamento; y cualquier efecto secundario desagradable que pueda
ocurrir.
En
contraste con lo anterior, la información relativa a las drogas prohibidas se
oculta al consumidor potencial. Así, la subcultura que ha adoptado la droga
prohibida se encarga de transmitir esta información a los consumidores. En
efecto, la participación en la cultura se convierte en un requisito para su
consumo.
Aprender a experimentar con las drogas.
En
contraste con la creencia prohibicionista de que las drogas ilegales son tan
poderosas que dominan al individuo desde el primer consumo, muchos usuarios
experimentan pocos o ningún efecto, incluso efectos desagradables la primera
vez que las consumen. Muchos adictos a la heroína informan que no
experimentaron euforia cuando la consumieron por primera vez, de hecho, la
mayoría reporta náuseas, vómitos y dolores de cabeza. Aunque más tarde
experimentarán euforia, esta información sugiere que el usuario podría tener
que consumirla repetidamente para aprender a experimentar los efectos deseados
de la droga. Becker (1963) reporta un fenómeno similar en su estudio de los
consumidores de marihuana neófitos.
La
cultura de la adicción proporciona, además de las técnicas de uso, una guía
para el neófito sobre cómo reconocer y disfrutar los efectos de las drogas. Con
frecuencia, las personas que consumen marihuana por primera vez ni siquiera
reconocen que están drogadas, y mucho menos disfrutan de la experiencia. Usando
su experiencia previa con el alcohol como un estándar de comparación, estos
individuos pueden no identificar los efectos de la marihuana.
Meses
más tarde estos mismos neófitos estarán creando elaborados arreglos de
iluminación, música y otros para maximizar su experiencia con la droga. La
cultura les enseñará bien.
La
cultura de la adicción, al enseñar a los usuarios a experimentar los efectos
eufóricos de las drogas, puede desempeñar un papel en la incidencia real de la
adicción.
Habilidades para mantener la adicción.
Además
de las habilidades de entrada, la cultura de la adicción también proporciona a
sus miembros el conocimiento y las habilidades para mantener el consumo durante
un período prolongado.
La
adicción a cualquier droga, prohibida o celebre, implica riesgos sustanciales.
La cultura debe reducir estos riesgos, en la medida de lo posible, para sus
miembros. Existe un cuerpo colectivo de conocimientos dentro de la cultura para
ayudar a minimizar los riesgos asociados, por ejemplo, con lo siguiente:
•
Consecuencias sociales derivadas del
consumo excesivo: ¿Qué historias se pueden utilizar para explicar mi
comportamiento a personas ajenas a la cultura a fin de evitar la identificación
social de la adicción? ¿Cómo se puede manipular o utilizar a otras personas
para que ayuden a escapar de tales consecuencias?
•
Drogas adulteradas: ¿Cómo sé que lo
que estoy comprando es realmente heroína, cocaína, etc.? ¿Cómo puedo determinar
la pureza y el valor de la sustancia que estoy comprando?
•
Efectos tóxicos agudos asociados con
el consumo de drogas: ¿Qué dosis, métodos de consumo, entornos, etc. ¿Como
reducir los riesgos de efectos tóxicos o sobredosis? ¿Cómo puedo reducir los
riesgos de contraer enfermedades? ¿Qué remedios caseros están disponibles si se
producen efectos tóxicos?
•
Problemas con las fuerzas del orden: ¿Cómo
puedo detectar a un agente encubierto? ¿Cómo puedo detectar a un
"sapo"? ¿Qué trucos se pueden usar para ayudar a pasar una prueba de
toxicología?
•
Problemas con otras figuras de
autoridad: ¿Cómo puedo evitar la detección a través de los programas de
análisis de orina administrados por las autoridades, los empleadores y los
centros de tratamiento?
La
experiencia colectiva en la cultura de la adicción suministra una gran cantidad
de conocimiento que se puede utilizar para dar forma a la carrera adictiva. Sin
embargo, para utilizar ese conocimiento es necesario examinar tanto los mitos
como la desinformación.
La
fuerza que impulsa la actividad diaria de la mayoría de los adictos es mantener
un acceso adecuado y conveniente al suministro de drogas. Esto significa acceso
tanto al dinero como a la droga. Mantener un suministro de dinero, aunque
relativamente pequeño para las drogas celebres, representa un reto importante
para el adicto a las ilícitas. El apetito insaciable del adicto por la droga
requiere un suministro regular y sustancial de dinero. Obtener ese dinero a
menudo significa involucrarse en actividades criminales, lo que requiere
habilidades que pocas personas tienen antes de su ingreso a la cultura de la
adicción. La variedad de tales actividades se discutirá más adelante, pero lo
que es importante ahora es entender los requisitos y habilidades para la
actividad delictiva y como se obtienen dichas habilidades.
Frente
a una demanda constante de grandes cantidades de dinero para mantener la
adicción, la persona se ve obligada a capitalizar los activos naturales y las
oportunidades. Debe encontrar un oficio o actividad que produzca un ingreso
frecuente, manteniendo el tiempo y las circunstancias para consumir drogas.
Imagine, en caso de no haberlo vivido ya, que usted, ha adquirido un hábito de
drogas que requiere aproximadamente 50.000 pesos al día. Usted ha estirado los
ingresos de su actividad legítima y ha extendido su crédito personal hasta sus
límites, ha pedido prestado todo el dinero posible a familiares y amigos, y ha
vendido esas posesiones personales más fácilmente convertibles en dinero en
efectivo. ¿Cómo apoya usted ahora su adicción? Usted está ahora al borde de la
relación entre la adicción y el crimen, empezando a evaluar qué opciones y
oportunidades tiene para generar ingresos para mantener su consumo. Existe un
conjunto detallado de conocimientos y habilidades que se deben dominar para
llevar a cabo con éxito cualquier actividad delictiva al mismo tiempo que se
mantiene la adicción.
Cuando
se ha resuelto el problema de los medios para obtener dinero, el adicto debe
tener fácil acceso al suministro de drogas. Afortunadamente para el adicto, la
cultura de la adicción crea una red segura al establecer múltiples fuentes de
suministro. La cultura también puede transmitir información y habilidades que
pueden asegurar drogas continuamente.
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