La
cultura de la adicción es una forma de vida, un medio de organizar la
existencia diaria y una forma de ver a la gente y los acontecimientos del mundo
exterior. Es una forma de hablar, caminar, vestirse, creer, aparearse,
trabajar, descansar, pensar y de ver lo que separa a las personas que están
"en esa vida" de las que no lo están. La cultura de la adicción
abarca valores, artefactos, lugares, rituales, relaciones, símbolos, música y
arte, todos los cuales refuerzan la participación en el consumo excesivo de
drogas. La cultura de la adicción puede jugar un papel importante tanto en el
inicio como en el mantenimiento de los trastornos por abuso de sustancias. En
este libro se intentará describir y, en la medida de lo posible, crear
conciencia, del mundo en el que vive el adicto a diario.
La
"Naturaleza" de la adicción.
La
adicción surge de numerosas causas, produciendo grupos de adictos de
características distintas, cada uno de los cuales requiere enfoques de
tratamiento significativamente diferentes. Entonces, ¿Cómo sabemos cuáles son
las principales fuerzas que impulsan el inicio del patrón de consumo excesivo
de alcohol y otras drogas en una persona?
Para
responder a esta pregunta es necesario definir las principales causas,
identificar las características distintivas de cada una y sugerir las
intervenciones de tratamiento que consideramos más apropiadas.
Cada
vez hay más pruebas de que existen múltiples causas de la adicción. Aquí hay
algunas que han sido identificadas:
· De origen bioquímico: el vínculo
primario entre la droga y el cliente ocurre a nivel físico. Tal vulnerabilidad
puede haber sido causada por predisposición genética, enfermedad o trauma, pero
lo que esta teoría comparte es una vulnerabilidad atípica a las propiedades de
las sustancias psicoactivas en algunas personas.
· Ligada a problemas médicos: El inicio
del consumo excesivo de drogas está ligado a un patrón de automedicación cuyo
propósito es el alivio de los síntomas molestos de la enfermedad primaria, o de
algún trauma.
· Ligada a una enfermedad psiquiátrica:
El inicio del uso de drogas es una manifestación de un trastorno psiquiátrico.
· Ligada a trastornos del
comportamiento: El uso excesivo de drogas surge dentro de un patrón de
comportamiento en el que el riesgo y la excitación son altamente valorados.
· Ligada a traumas o crisis: El inicio del uso de drogas sirve para
aliviar el dolor emocional que resulta de factores estresantes extremos de la
vida tales como el divorcio, la muerte o la pérdida del trabajo.
· Ligada a una perturbación en la
familia: El inicio del abuso de
sustancias sirve para desviar la atención de un problema mucho más doloroso y
potencialmente desestabilizador, como el divorcio inminente, la muerte
inminente o el abuso sexual.
· Ligada a una red de relaciones entre
iguales: El inicio del abuso de sustancias está ligado a las necesidades de
identidad social y aceptación dentro de una subcultura que promueve el consumo
excesivo de alcohol y drogas.
· Ligada a las normas culturales: El
inicio del consumo excesivo de drogas está ligado a los ritos y a la
pertenencia continua a un grupo cultural.
Lo
que es importante acerca de las teorías de las múltiples causas de la adicción
es que la cultura de la adicción puede desempeñar un papel tanto en el inicio
como en el mantenimiento de un patrón de uso excesivo y problemático de drogas,
independientemente del camino que condujo a la iniciación. En las últimas
etapas, la cultura de la adicción puede representar el mayor obstáculo para los
clientes que entran en el proceso de recuperación.
La cultura como fuerza
iniciadora.
El
ritual del consumo de drogas psicoactivas, y en particular el consumo excesivo
con consecuencias indeseables puede verse reforzado inicialmente no solo por
las propiedades de las sustancias, sino por los significados sociales y las
recompensas que se derivan de la participación en dichos rituales. La cultura
de la adicción ofrece la identificación con símbolos, rituales, relaciones y
estilos de vida que satisfacen las necesidades personales significativas de una
persona.
La cultura como fuerza sustentadora.
Para
muchos adictos, la cultura de la adicción no juega un papel al inicio de su
adicción, sino que se convierte en una fuerza para mantenerla en el tiempo.
A
muchos adictos les ha resultado más fácil romper la relación con las drogas que
romper su relación con la cultura en la que se consumen. El fracaso en romper
la relación cultural a menudo precede a la recaída.
Estilos e intensidad de la participación cultural.
Todos
nosotros estamos rodeados de culturas, pero hay una gran diferencia en la forma
en que cada uno de nosotros elige relacionarse con ellas.
Las
personas adictas muestran una diferencia similar en su grado de implicación en
la cultura de la adicción y en su estilo de afiliación. A continuación, se
presenta una clasificación sencilla que describe tres estilos básicos de
afiliación con esta cultura.
El adicto acultural:
El
adicto acultural es la persona que ha iniciado y mantenido la adicción en
aislamiento, viviendo su adicción a lo largo del tiempo sin tener relaciones
con otros adictos ni participar en una cultura de drogas lícitas o ilícitas.
La
mayoría de los adictos aculturales se enorgullecen de controlar y dominar su
droga de predilección y no se perciben a sí mismos como adictos. Pueden ver con
desdén a los alcohólicos y a los adictos como personas que carecen de fuerza
moral y carácter. El hecho de que no se haga frente al consumo de drogas y a
las consecuencias que éste produce en su vida es un obstáculo importante para
el éxito de cualquier intervención.
El adicto culturalmente enredado:
Los
adictos culturalmente enredados han perdido cada vez más contacto con un mundo
social en el que la abstinencia y la moderación son los valores que rigen el
consumo de drogas. Dependiendo de si se mira desde afuera o desde adentro,
estos adictos son miembros de una subcultura diferente. No sólo son adictos a
una droga, sino que también son adictos a una forma de vida que les garantiza
la continuidad de su pertenencia a “esa vida". Es en este mundo donde se
sienten vivos y en casa. Es un mundo que promete aceptación, estatus, seguridad
y, sobre todo, acceso a la relación más importante en sus vidas: su relación
con las drogas.
El adicto bicultural:
A
diferencia del adicto acultural que aborrece la asociación con la cultura de la
adicción, y del adicto culturalmente enredado que no conoce otro mundo, el
adicto bicultural vive simultáneamente en la cultura general y en la cultura de
la adicción. Estos adictos tienen dos identidades y operan en dos mundos, cada
uno de los cuales sirve para satisfacer ciertas necesidades, pero a ninguno de
ellos le es totalmente fiel.
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