¿ha llegado el momento de replantear la prohibición como estrategia para el manejo del problema de las drogas?


La discusión en lo que se refiere a las drogas prohibidas debe comenzar con la pregunta sobre cómo las drogas son seleccionadas para su prohibición. 


Para las personas que creen que las políticas de control de drogas se basan en una evaluación racional y objetiva de los riesgos potenciales de las sustancias para los seres humanos, una revisión detallada de cómo evolucionan las políticas públicas de drogas en el mundo puede resultarles bastante confrontador. Las drogas se hacen celebres o se prohíben basándose más en quien las consume, y en temas políticos, económicos, religiosos y raciales asociados con una droga, que en el efecto de la droga en los seres humanos. Una sociedad prohibirá las drogas cuyos efectos se consideren incongruentes con los valores de la sociedad. Cualquier droga usada por personas consideradas como una amenaza potencial para el orden de la sociedad será prohibida.


La simple declaración de una sustancia psicoactiva como droga prohibida aumenta automáticamente el riesgo asociado con el uso de esa sustancia. La designación social de una droga es auto cumplida en gran medida. Prohibimos un medicamento "malo" con el argumento de que es peligroso, y luego, una vez convertido en prohibido, construimos políticas sociales que nos protejan de los altos riesgos relacionados con el uso de dicho medicamento.


Cuando se declara que una sustancia es una droga culturalmente prohibida, se crea un poderoso estigma social que moldeará gran parte de los patrones emocionales y de comportamiento de las personas que la usan.


En un estudio de movimientos de prohibición exitosos (White 1979), se observaron los siguientes ocho temas que caracterizaron a dichos movimientos:


1.        La droga está asociada a un subgrupo odiado de la sociedad o a un enemigo extranjero.

2.        La droga es identificada como la única responsable de muchos problemas en la sociedad, por ejemplo, el crimen, la violencia, la locura.

3.        La supervivencia de la sociedad se representa como relacionada con la prohibición de la droga.

4.        El concepto de uso "controlado" es destruido y reemplazado por la "teoría del dominó" de la progresión química, por ejemplo, todos los que consumen se volverán adictos; o el uso de la droga conduce directamente al uso de sustancias más temidas.

5.        La droga está asociada con la corrupción de los niños pequeños, particularmente su corrupción sexual.

6.        Tanto el usuario como el proveedor se definen como "demonios" siempre en busca de nuevas víctimas; el uso de la droga se describe como contagioso. Las opciones políticas se presentan como prohibición total o acceso total.

7.        Cualquiera que cuestione las suposiciones anteriores es atacado fuertemente y caracterizado como parte del problema que necesita ser eliminado.

8.        La demonización de una droga prohibida provoca poderosos temores y da forma a imágenes caricaturizadas tanto de la droga como de sus consumidores. Tales imágenes mitológicas proporcionan la emoción y la razón hasta para hacer de nuestros propios hijos unos parias.


Todo lo anterior es un preludio a la afirmación de que las personas adictas a las drogas prohibidas deben mantener su adicción en una subcultura ajena que, día a día, las aleja cada vez más de la sociedad en general. La peor consecuencia del uso de drogas prohibidas puede no ser los efectos farmacológicos de las drogas, sino la exclusión forzada de la sociedad. El tratamiento de las personas adictas a las drogas prohibidas debe abordar no sólo los efectos de su relación con ellas, sino también la influencia transformadora de la cultura ilícita en la que se sustenta esta relación.

Relación con otras culturas diferentes.



Afiliarse a un grupo de consumidores de drogas prohibidas es desconectarse progresivamente de la sociedad en general o abandonar la ilusión de que uno podría llegar a ser parte de dicha sociedad. Desafiliarse de esta cultura no sólo lo expone a la influencia de la cultura de la droga, sino también a un amplio espectro de subculturas diferentes mezcladas en las calles. Dentro de esta superposición de culturas distintas se encuentra la intensificación potencial tanto de la patología personal como del riesgo para la seguridad pública que supone el consumo de drogas.


Las drogas psicoactivas, por su capacidad de excitar, incitar, desinhibir, alterar percepciones y alterar el juicio, siempre han tenido el poder de intensificar la patología personal. Es la patología social la que ha cambiado. Nunca habíamos tenido una mezcla tan intensa de subculturas diferentes.

Dentro de este contexto hemos visto una escalada de personas con discapacidades psiquiátricas, influenciadas por las drogas y valorados como individuos que cometen atroces actos de violencia contra la sociedad de la que se sienten excluidos.

¿ha llegado el momento de replantear la prohibición como estrategia para el manejo del problema de las drogas?



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